—Por favor, contale a los lectores quién sos. —Bueno, yo soy guionista y escritor. Soy profesor de literatura pero hace muchos años que no me dedico a eso. Soy periodista desde los años setenta...
—¿Dónde trabajaste?—He trabajado en Clarín, La Opinión, Página 12. Un po¬quito con todos los medios, como colaborador. En los últimos quince años hice la revista SuperHumor, allí estuve como jefe de redacción; luego en la redacción de Feriado Nacional. Más tarde, en 1984, trabajé en la redacción de la revista Fierro, hasta 1988, que me echaron.
—La revista decayó una vez que vos te fuiste, ¿no te parece?—No es tan así. Yo no creo que sea tan tajante. Lo que sí, que los proyectos, las revistas, como los amores, duran mientras duran y en algún momento, por ahí, no duran más. Las fórmulas se gastan.
—Contame sobre Perramus, tu creación. —Perramus lo hice durante muchos años. Acá se conocen Perramus uno y dos, pero tengo hechos dos más. El número uno lo publicó Fierro y después ediciones De la Flor editó un libro en el que publicaba el uno y el dos juntos. Lo que no se conoce en Argentina es más del doble. Un episodio larguísimo, que es el tercero, se llama La isla del guano, y después el cuarto, que se llama Diente por diente, que es la investigación de la recuperación de los dientes de Gardel por todo el mundo. Perramus anduvo muy bien.
—¿Qué más hiciste, además de Perramus?—Hice cosas sueltas como La Argentina en pedazos, por ejemplo, que es la adaptación a historieta de obras de escritores argentinos famosos: El Matadero, de Echeverría, con dibujos de Enrique Breccia, Los dueños de la tierra, de David Viñas, también con dibujos de Enrique. Después con el viejo Breccia hicimos Borges, García Márquez, un montón de escritores latinoamericanos.
—¿Qué guionista te gustan de nuestro país?—Hay muchos que son realmente del oficio. Está Carlitos Sampayo, que es un extraordinario guionista. El mismo Carlitos Trillo, que ahora se está escribiendo todo. Carlitos es realmente un monstruo, un historiador popular al mejor estilo de la tradición argentina.
—De todas maneras, parece que escasearan guionistas en nuestro país.—Pero siempre fue así. Un gran guionista es el Negro Fontanarrosa. Después hay mucha gente que ha escrito buenos guiones. Carlitos Albiac es muy buen guionista y de una trayectoria muy larga. A la gente de Columba la conozco menos. El mismo caso del loco Barreiro, que ha hecho cosas muy lindas. También es un productor industrial. Si uno hace una historieta de diez páginas, con las que se toma su tiempo, es una cosa; pero si tenés que remar todos los días es muy diferente. Cada uno tiene su oficio. Guillermo Saccomanno ha escrito cosas muy pero muy lindas. Historietas de él con Mandrafina que son una maravilla. De Robín Wood, por ejemplo, que inventó un montón de cosas, qué se puede decir. Cuando pasa el tiempo después queda la obra. Son tipos que se han roto el culo durante años.
—¿Sasturain es lector de historietas? —No, la verdad que no. Muy poco.
—¿De chico?—De chico leí como loco. Precisamente leí muchísima historieta nacional desde los ocho años a los dieciséis. Ahí es cuando se da la conexión con Oesterheld. Cuando descubrí que la historieta podía ser otra cosa que no fueran las importadas. Ahí supe que existía la posibilidad de que hubiera un escritor que escribiera, que nos abriera el bocho. La mayoría de nosotros, tipos como Trillo, Fontanarrosa, otros que se fueron para el lado de la literatura, tanta gente... Nuestro acceso a la ficción no vino de libros clásicos de aventuras juveniles, sino de las historietas. Yo no leía libros cuando era chico. No leía Verne ni Salgari, leía historietas.
—¿Y qué leia? —Yo leía historietas.
—Está bien, ¿pero cuáles?—Mira, viví en pueblos del interior, y no en Buenos Aires, y conocía un poco las revistas de Abril, Misterix y Rayo Rojo.
Pero después empecé a leer unas revistas de editorial Muchnik... primero Pato Donald durante muchos años, demasia¬dos tal vez. Después, empecé a comprar mejicanas, y de haber pasado por las revistas de Muchnik —por ejemplo Hacha Brava, Superhombre, Tommy Futuro— se viene una revista de Frontera. Tenía once años.
Cuando me vine a estudiar Filosofía y Letras, regalé, como dejando la infancia, la colección completa de historietas que tenía. Volví a leer historietas a partir de la facultad. Ahí se dio toda una recuperación, desde el punto de vista ideológico, de la cultura popular argentina y la literatura en los medios; recuperé todo aquello que había leído entonces. La revista que volví a comprar en los años setenta fue Skorpio. Cuando vi el Corto Maltés en la portada, yo no sabía ni quién era. A través de Pratt recuperé la historieta. Del 64 hasta el 77 volví a comprar historietas. Me metí por primera vez en el ambiente del comic en el 78, 79, cuando empecé a hacer reportajes. Después seguí escribiendo sobre dibujantes y humoristas y sobre historieta y ahí empecé a trabajar en SuperHumor. Lo único que hice fue recuperar cosas que yo tenía de pendejo.
—¿Qué opinión te inspira el género de superhéroes?—Me gustan los superhéroes. Lo que pasa es que no soy buen lector.
—¿Consideras que hay una edad para leer superhéroes o la historieta en general?—No, creo que no. Para leerlas no. Pero hay grados de disfrute diferentes. El Watchmen es una reflexión sobre superhéroes muy buena. Pero esa leo. Después estoy afuera de las otras. Tal vez si me enchufara con alguna... Pero por ejemplo, no me metí nunca con Frank Miller. Miro los dibujitos y me encantan pero nunca me metí. Leí, por ejemplo, una de Alan Moore que me gustó mucho, pero porque vi lo que era Moore, entonces lo sigo un poco. Leí el episodio de Batman con el Joker. Ese me gustó. Pero Alan Moore es, evidentemente, un buen escritor.
—¿Te parece que existe un prejuicio social en el concepto de que la historieta es para chicos? —Sí, existe. Pero como suele decir Aquiles Fabregat: "La inteligencia tiene límites, pero la estupidez no".
—Bueno, muchas gracias Juan. —A vos.
ENTREVISTA EXTRAIDA DEL Nº 14 DE BATMAN DE PERFIL (1992)